Concepcion del Uruguay - Entre Rios
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martes 20 de diciembre de 2011

CONVOCATORIA ABIERTA AL VI CAMPAMENTO NACIONAL DE LA JUVENTUD GUEVARISTA DE ARGENTINA


Del 14 al 21 de enero de 2012, en la localidad de Berisso, provincia de Buenos Aires.

Tenemos el agrado de compartir, como desde hace ya 6 años, esta nueva convocatoria para el Campamento Nacional de Juventud Guevarista que se realizara a la ribera del río de la plata en la ciudad de Berisso.
Extendemos esta invitación a todos los compañeros y compañeras de la Juventud Guevarista de las diferentes ciudades y provincias donde trabajamos y nos organizamos, todos los compañeros simpatizantes, cercanos, que se encuentran identificados con nuestra política, a compañeros y compañeras de agrupaciones, movimientos y organizaciones amigas con las que compartimos diferentes grados de desarrollo y trabajo en conjunto. 
A todos aquellos y aquellas que de alguna manera se contactan con nosotros y están interesados en conocer el ideario y la práctica del Che, y en conocer cómo construimos la Juventud Guevarista, como en la cotidianidad nos esforzamos para reconstruir una corriente política, social y cultural en concordancia y coherencia con los valores, la ética y las prácticas socialistas. 

¿Por que hacemos el campamento? 
Año tras año, los campamentos nacionales son una herramienta de unión y fortalecimiento de los lazos entre todos los compañeros y compañeras guevarista de toda la Argentina y países cercanos; como también el momento mas puro donde uno puede conocer a la organización tal cual es, ya que el desarrollo natural de las actividades del campamento expresan en profundidad el mundo que queremos construir. La solidaridad, el esfuerzo, la voluntad, el compromiso y el respeto son los ejes con los que se construye cada campamento.

¿Que te invitamos hacer?
Durante toda la semana tendremos actividades deportivas y culturales organizadas, mucha confraternización en la vida colectiva del campamento y jornadas de debate acerca de la situación política general; de la juventud, sus problemáticas de construcción; abordaremos la cuestión de Género y el ejemplo del Che como herramientas centrales.



Se agradece difusión.
Para contactarnos manda un mail a comunicacionjg@gmail.com

Juventud Guevarista de Argentina

domingo 11 de diciembre de 2011

UN VOTO INTELIGENTE


11/11/2011
Claudio Katz




Quiénes votan al gobierno con expectativas progresistas experimentan sensaciones contradictorias. Satisfacción por el juicio a los genocidas, la ley de medios, el matrimonio igualitario o la nacionalización de las AFJP. Desengaño por la destrucción de los ferrocarriles, la minería con cianuro y la regresividad impositiva. También hay irritación con los gobernadores que deforestan el monte y con los jerarcas sindicales que manejan patotas.
Estos votantes habrán notado, además, que los logros democráticos y las mejoras sociales aparecen cuando hay conflictos con la derecha. En los momentos de estabilidad prevalece el reencuentro con el establishment. Todos se preguntan qué curso asumirá el próximo mandato de Cristina. Los confiados apuestan a la “profundización del modelo” y los realistas toman nota de las advertencias presidenciales contra las demandas callejeras.
El contexto es muy fluido. Ha resurgido la politización de la juventud y los movimientos sociales cuentan con capacidad de movilización. La derecha no logra reponerse del ánimo popular que emergió con el bicentenario. Pero se avecinan los nubarrones de la crisis global, con menos cartuchos oficiales para repetir las acciones del 2008-09. Si irrumpen situaciones más traumáticas, los antecedentes más añejos no son promisorios. El primer peronismo recurrió al ajuste para lidiar con la crisis externa (1952) y segundo reforzó esta receta (1975), embistiendo contra los intentos de radicalización que desafiaban el liderazgo presidencial.
Las circunstancias actuales son muy distintas. Pero la agenda progresista continuará vacante mientras no aparezca una fuerza de izquierda, que obligue a considerar ese temario. La debilidad de este actor limita drásticamente la confrontación con los dueños del poder.
Algunos piensan que esta batalla social exige un rotundo triunfo previo de CFK. Pero es evidente que el oficialismo superará con creces la plataforma de votos que necesitaría para embarcarse en esa empresa. En el escenario actual más bien falta lo opuesto: un protagonista capaz de actuar con independencia del gobierno, especialmente en las circunstancias problemáticas.
Basta recordar cuánto pesó la autoridad oficial para neutralizar los cuestionamientos que surgieron durante los asesinatos de los aborígenes en Formosa y de los desamparados en Jujuy. El mismo desagrado se insinuó recientemente, al calor de la ridícula causa que un ministro y sus jueces armaron contra el ferroviario Sobrero. Es evidente que el gran poder acumulado por el Ejecutivo acrecienta la tentación de regimentar la protesta social.
La gestación de sólidos referentes de izquierda es indispensable para crear un nuevo eje de interlocución de las iniciativas gubernamentales. Este cambio determinaría otro perfil del debate agrario. En lugar de mantener o reducir las retenciones se discutiría la disminución del IVA y la anulación de los privilegios impositivos que tienen los banqueros. La pulseada por liberar los precios o dibujarlos a través del INDEC sería reemplazada por una crítica a la rentabilidad lograda por los formadores de precios. En vez de optar entre el 82% tramposo de la derecha y los aumentos gubernamentales a cuentagotas se analizaría el financiamiento de las jubilaciones con aportes patronales. En este nuevo ordenamiento cobraría forma una tercera opción económica, superadora del neoliberalismo agro-exportador y el neo-desarrollismo conservador.
Algunas voces postulan erigir la agenda progresista mediante un fortalecimiento del centro-izquierda no oficialista. Pero este alineamiento ya tiene gran influencia y no logró instaurar el temario que necesita el país. Contra este objetivo conspiraron los coqueteos con la derecha en el Parlamento y en los medios. También incidió la elección de aliados más afines a la vieja retórica institucionalista de la UCR que a la movilización popular. Nunca se entiende, además, cómo se podrían superar las limitaciones del oficialismo argentino, imitando el sendero más conformista que ha impuesto la socialdemocracia de Uruguay o Brasil.
El reingreso al Congreso de la izquierda es la mejor opción que ofrece la coyuntura electoral, para avanzar en la introducción de drásticas medidas de reducción de la desigualdad social. La obtención de diputados para este sector es una meta difícil, pero factible. La multitud de votantes que apuntaló un derecho democrático de participación en las primarias de agosto debería reafirmar este sostén, atrayendo un nuevo segmento de electores.
Un avance de la izquierda también podría generar efectos positivos en las prácticas tradicionales de este sector. Buenos resultados en los comicios suelen contrarrestar la inercia sectaria, abriendo posibilidades de construcción de un nuevo espacio de intervención. El respaldo electoral favorecería, además, la renovación de un discurso forjado en la militancia, que necesita aproximarse a las audiencias masivas. El impulso a colocar una ficha en la izquierda no proviene esta vez sólo de las convicciones y las simpatías. Constituye una lúcida decisión del votante progresista.

jueves 8 de diciembre de 2011

LA MENTIRA COMO PRINCIPIO DE POLÍTICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS HACIA AMÉRICA LATINA”



Foreign Affairs

Este trabajo se propone analizar el papel de América Latina en la política exterior estadounidense. El derrumbe del orden bipolar fue acompañado por el vigoroso renacimiento de añejas teorizaciones que, en síntesis, plantean la tesis de la irrelevancia de nuestros países. Esto obedecería a su escaso interés estratégico y económico, sobre todo si se les compara con Medio Oriente, Asia Central o el Sudeste Asiático, para no hablar de Europa. Una de sus variantes, tal vez la más radical, subraya que nuestra irrelevancia responde a una dolorosa realidad: América Latina ha sido, en verdad, una construcción mítica, una imagen fantástica huérfana de todo sustento real. Como no existimos, mal podría haber una política hacia nosotros. La tesis de este trabajo es que sí existimos, que por eso Washington tiene una política muy definida y relativamente invariante hacia América Latina, y que la tiene porque nuestra región le importa, y mucho.

La perniciosa herencia del colonialismo
Que el tema de nuestra supuesta irrelevancia —o de la “irrealidad de la realidad” latinoamericana— no es nuevo, lo demuestra sobradamente y con una infrecuente combinación de elegancia estilística y profundidad de razonamiento un notable ensayo de Roberto Fernández Retamar, Calibán, originalmente aparecido en el año 1971 como respuesta a una insidiosa pregunta que se le formulara acerca de este mismo tema : “¿Existen ustedes, existe América Latina?”
Las reflexiones de Fernández Retamar ponen en evidencia, a partir de un minucioso recorrido histórico, la excepcionalidad del proceso de construcción de las sociedades latinoamericanas —simbiosis única entre los mundos precolombinos, europeos y africanos— y la definida identidad resultante de ella. Identidad que, al igual que la europea o la estadounidense, no implica uniformidad sino una fecunda diversidad al interior de un espacio histórico-cultural común. No obstante, una de las desafortunadas consecuencias de esta creación civilizatoria ha sido la persistencia —abonada por más de tres siglos de dominación colonial, y casi cuatro en Cuba y Puerto Rico— de arraigadas actitudes de subordinación cultural e ideológica entre los grupos dirigentes y amplios sectores de la intelectualidad latinoamericana.
Precisamente, una de las manifestaciones de esa “colonialidad” es la pertinaz negación de la existencia misma de América Latina, de la común historia de sus países, de su rica y variada cultura también común y de su futuro inevitablemente compartido. El pasado, el presente y el futuro, amén de la geografía, nos confieren esa identidad. El intelectual colonizado, fiel a la tradición imperial de “ninguneo” a las colonias —invariablemente percibidas como pueblos bárbaros y justos merecedores del sistemático pillaje al que se ven sometidos— asume como propia la visión del mundo de los amos. Todos los imperios consideraron a sus dominados como inferiores, bárbaros, despreciables, al punto tal que su propia condición humana, tanto ayer como hoy, aparecía frecuentemente en cuestión. Así pensaban los romanos de la Galia e Iberia, las actuales Francia y España; Inglaterra nada menos que de la India, una de las civilizaciones más antiguas y exuberantes del planeta; y así piensa hoy la clase dirigente de Estados Unidos en relación a casi todo el resto del mundo, incluyendo como una de sus más recientes incorporaciones a la así llamada “vieja Europa.”
En el campo de la política exterior esto se traduce en la famosa tesis de la irrelevancia de América Latina, alentada tradicionalmente por Washington, tal como antes lo hiciera la Inglaterra Victoriana en relación a la India. En ambos casos se entiende muy fácilmente la lógica que preside ese razonamiento: convencer al otro de su insignificancia y de su inferioridad otorga al dominador una ventaja prácticamente decisiva en cualquier controversia. Se comprende entonces la insistencia de algunos oscuros ocupantes del Departamento de Estado o del Consejo de Seguridad Nacional en señalar nuestra irremediable inferioridad, en decirnos que ocupamos un quinto o sexto lugar en sus prioridades y en pedirnos que no pretendamos que se nos preste más atención de la que compasivamente se nos otorga, casi como de favor. Como decía antes, lo grave no es que tesis como ésta la expresen voceros de Washington; lo realmente lastimoso y deplorable es que la misma sea tenida como válida por supuestos expertos en asuntos internacionales y por gobernantes resignados y claudicantes de nuestros países. En casos extremos, como en mi país, esta actitud fue la justificación esgrimida para adoptar como principio cardinal de la agenda exterior de Argentina la política de las “relaciones carnales” con Estados Unidos, esto es, el más absoluto e incondicional alineamiento con Washington en todos y cada uno de los temas internacionales. Hemos pagado carísimo semejante desatino.
Para resumir: la doctrina de la “negligencia benigna” no es otra cosa que una burda mentira, una actitud hipócrita que busca por medio de este artilugio desalentar cualquier tentativa de cuestionar las relaciones de subordinación establecidas entre la potencia dominante y nuestros países. Condición previa de tal impugnación es tomar conciencia de nuestra verdadera importancia para Estados Unidos y, seguidamente, desarrollar una estrategia colectiva para, en concordancia con lo anterior, redefinir nuestras relaciones con la Roma americana.[1]

¿Irrelevantes?
La tesis de la irrelevancia, que sería “políticamente incorrecto” justificar sobre bases racistas, aduce que América Latina no pesa en el escenario internacional, que sus países no son “jugadores centrales” en la arena mundial y sus economías no gravitan en los mercados globales. Pero esta tesis se derrumba ante el peso de numerosas paradojas. Si América Latina fuese tan irrelevante, ¿cómo se explica que Estados Unidos haya incurrido en una secuencia interminable de intervenciones militares (más de cien a lo largo del siglo veinte), invasiones, golpes de mercado, asesinatos políticos, sobornos, campañas de desestabilización y desquiciamiento de procesos democráticos y reformistas perpetrados contra una región carente por completo de importancia? ¿No hubiese sido más razonable una política de indiferencia ante vecinos revoltosos pero insignificantes? Si no existimos, o si somos tan irrelevantes, ¿cómo explicar que haya sido precisamente ésta la primera región del mundo para la cual Estados Unidos elabora, tan precozmente como en 1823, una postura específica en su agenda de política exterior, la Doctrina Monroe? Si somos tan poca cosa, ¿por qué Washington persiste durante más de 40 años con su bloqueo contra Cuba, condenado hasta por Juan Pablo II? Si poco y nada valemos, ¿por qué tanto empecinamiento por crear el ALCA? ¿Y si no existiera la América Latina, cómo se explica entonces el naufragio de ese proyecto de consolidación imperial?
Como vemos, la idea de nuestra supuesta irrelevancia no resiste la menor prueba empírica. En realidad, América Latina tiene una importancia estratégica fundamental para Estados Unidos, y es la región que le plantea mayores desafíos en el largo plazo. En los años ochenta, en el apogeo de la “guerra de las galaxias” de Ronald Reagan, había quienes decían que la URSS era un problema transitorio para Estados Unidos, pero que América Latina constituía un desafío permanente, arraigado en las inconmovibles razones de la geografía. Tanto era así que en esos mismos años el personal diplomático adscrito a la embajada de Estados Unidos en México era superior al que se hallaba estacionado en todo el territorio de la Unión Soviética. Es que América Latina es la frontera caliente de Estados Unidos, su inevitable contacto con la periferia imperial, misma que somete y saquea, generando una vasta zona de perpetuas turbulencias políticas que brotan de su condición, nada casual, de ser la región con la peor y más injusta distribución de ingresos y riquezas del planeta.
Si la Casa Blanca miente descaradamente al pueblo estadounidense —recordemos la historia de las famosas “armas de destrucción masiva” que supuestamente existían en Irak y las recientes declaraciones de Colin Powell arrepintiéndose de haberla avalado—, ¿por qué no habría de mentir a los latinoamericanos? La excepcional relevancia de nuestra región fue adecuadamente subrayada por Colin Powell cuando dijera, en relación a las expectativas depositadas por Washington en el alca que: “nuestro objetivo es garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio.” ¿Irrelevantes? Nótese la importancia de nuestra región como un gigantesco mercado para las inversiones estadounidenses, grandes oportunidades de inversión, fabulosas expectativas de rentabilidad posibilitadas por el control político que Washington ejerce sobre casi todos los gobiernos de la región, y todo esto en un territorio que alberga un repertorio casi infinito de recursos naturales de todo tipo.
América Latina podría ser, en función de probables desarrollos tecnológicos, la región que cuente con las mayores reservas petroleras del mundo. No lo es hoy, pero podría serlo mañana. En todo caso, aun en las condiciones actuales, es la que puede ofrecer un suministro más cercano y seguro a Estados Unidos, dato harto significativo cuando sus reservas no alcanzan para más de 10 años y las fuentes alternativas de aprovisionamiento son mucho más lejanas y han entrado en una zona de creciente inestabilidad política a causa de la tradicional torpeza con que Washington maneja estos asuntos. Medio Oriente se ha convertido en un polvorín que puede estallar en cualquier momento, donde el resentimiento antiestadounidense alcanza proporciones impresionantes aun en los “Estados-clientes” como Egipto, Arabia Saudita y Turquía. Y las cuencas petroleras de África Occidental y Asia Central carecen de las más elementales condiciones políticas requeridas para garantizar un flujo estable y previsible de petróleo hacia Estados Unidos. La obscena presión ejercida sobre el gobierno venezolano desde la Casa Blanca tiene que ser vista a la luz de estas realidades.
América Latina tiene asimismo grandes reservas de gas, dispone de algo más de la tercera parte del total de agua potable del planeta, y es el territorio donde se encuentran los ríos más caudalosos del mundo y algunas de sus mayores cuencas acuíferas. Una de ellas, la de Chiapas, ya ha sido considerada como posible solución para enfrentar el inexorable agotamiento del suministro de agua que afecta el Suroeste de Estados Unidos y que compromete el acceso al vital liquido de poblaciones como Los Angeles y San Diego. Y si se trata de biodiversidad, ¿cómo podría ser irrelevante una región que cuenta con 40% de todas las especies animales y vegetales existentes en el planeta? Esta riqueza constituye un imán poderosísimo para las grandes transnacionales estadounidenses, dispuestas a imprimir el sello de su copyright a todas las formas de vida animal o vegetal existentes y, a partir de ello, dominar por entero la economía mundial. Por algo el tema de los derechos de propiedad intelectual tiene tanta prioridad para Washington, como lo atestiguan las negociaciones en el seno de la Organización Mundial del Comercio.
Por último, desde el punto de vista territorial, América Latina es una retaguardia militar de crucial importancia. Obviamente, los funcionarios del Departamento de Estado lo niegan rotundamente, pero los expertos del Pentágono saben que esto es así. Por eso el empecinamiento de Washington por saturar nuestra geografía con bases y misiones militares y su obstinación en garantizar la inmunidad del personal involucrado en las mismas. Si fuéramos tan poco importantes como se nos dice, ¿por qué la Casa Blanca se desvive proponiendo políticas que suscitan el repudio casi universal en la región?

Conclusiones
La importancia de América Latina no ha hecho sino acrecentarse en los últimos tiempos. El fracaso de los experimentos neoliberales, que ni encaminaron nuestras economías por la senda del crecimiento, ni redistribuyeron la renta ni consolidaron nuestras frágiles democracias ha sumido a la región en una de sus más profundas crisis. Desde México, en la frontera con Estados Unidos, hasta Argentina, pasando por América Central y el Caribe, todo el mundo andino y Brasil, el signo de los tiempos es el desencanto con la democracia, una creciente activación de la protesta social y un resentimiento cada vez más extenso y profundo en relación a Estados Unidos.
Hay una vieja tradición de la política exterior estadounidense hacia América Latina: mientras ésta se encuentre firmemente bajo el control de Washington, la respuesta oficial es la “negligencia benigna”, y entonces la región queda relegada a un segundo plano. Sin embargo, en cuanto despuntan algunos síntomas de rebeldía o de insubordinación, esta “irrelevante” región del planeta asciende al primer plano de las preocupaciones de Washington, desplazando rápidamente a otras supuestamente más importantes. Pruebas al canto: bastó que un gobierno socialista moderado fuese democráticamente electo en Chile, en 1970, para que esa misma noche la Casa Blanca emitiese la orden de “hacer chirriar y gritar la economía chilena” y destinase ingentes sumas de dinero para conjurar la amenaza representada por Salvador Allende. En los años ochenta, el triunfo del sandinismo convirtió a Nicaragua en una gravísima amenaza a la seguridad nacional estadounidense, desencadenando una respuesta de Washington violatoria de las más elementales normas del derecho internacional. Lo mismo ocurriría con Granada, que pese a sus 344 kilómetros cuadrados y sus 60.000 habitantes también fue considerada por la administración Reagan un peligro tan grande como para justificar la grotesca intervención militar de 1983. A mediados de los sesenta, la posibilidad de un eventual retorno de Juan Bosch al gobierno de República Dominicana había provocado el desembarco de más de 40.000 marines y el aplastamiento de las fuerzas insurgentes. A finales de los noventa y, en una progresión que ha llegado a extremos sumamente preocupantes en los últimos años, Washington ha reaccionado con una virulencia inusitada ante la consolidación del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, cuyas credenciales democráticas —monitoreadas y supervisadas por la oea y la Fundación Carter— superan con creces las exhibidas por el presidente George W. Bush Jr. en las elecciones de 2000. Casi medio siglo de bloqueo contra Cuba, desencadenado cuando la isla comenzó a adoptar algunas medidas reformistas, es otra prueba concluyente de la prepotencia imperial. En síntesis: si nuestros países se someten mansamente y obedecen los mandatos de Washington, la región no es prioritaria; pero en cuanto algún gobierno pretende tomar el destino en sus manos, ese país latinoamericano, no importa cuán pequeño sea, es catapultado al primer nivel de las preocupaciones de Washington.
La nueva doctrina estratégica estadounidense —según Noam Chomsky, un plan de dominación mundial como no se conocía desde la época de Hitler—, anunciada en septiembre de 2002, acentúa las ominosas perspectivas que se abren en el campo de las relaciones hemisféricas. Un Estados Unidos ya abiertamente asumido por sus dirigentes y por sus principales intelectuales orgánicos como un imperio, que se ha arrogado la absurda —y peligrosísima— misión de sembrar la democracia y la libertad por todo el mundo, y que ha militarizado las relaciones internacionales y acrecentado sus gastos militares a un nivel sin precedentes en la historia, difícilmente pueda ser considerado un elemento positivo para fortalecer la presencia de América Latina en el sistema internacional. La decadencia de la clase dirigente de Estados Unidos, ejemplificada de manera inigualable por el ascenso a la presidencia de personajes tan mediocres como Ronald Reagan y George W. Bush Jr., no es una buena noticia para el mundo. Todo hace presumir que la política seguida hacia América Latina en estos años, acentuada luego de los atentados de 2001, difícilmente será modificada. Nada permite prever que la premonitoria sentencia de Bolívar: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar a la América española de miserias en nombre de la libertad” pueda llegar a ser desmentida por un gobierno como el de Bush Jr. que, al decir de eminentes intelectuales estadounidenses ha sido secuestrado por las grandes empresas y que, con increíble miopía, piensa que lo que es bueno para Halliburton es bueno para Estados Unidos y, por añadidura, para todo el mundo.


[1] “Americana”, en este caso, porque es la Roma del continente americano. NO corresponde poner “estadounidense.”
Originalmente publicado en Foreign Affairs en Español  (México)  Vol. 6, Núm. 1, 2006 (pp. 61-68)

jueves 10 de noviembre de 2011

EL TEMOR A UNA GUERRA EN IRÁN HACE SALTAR LOS PRECIOS DEL BARRIL



09/11/2011
RT ESPAÑOL

Los expertos pronostican que en caso de un ataque sorpresa israelí contra el programa nuclear de Irán, sumado a los problemas derivados de la 'primavera árabe', los precios del oro negro en 2012 podrían rondar los 200 dólares, prácticamente el doble del costo actual, según the Financial Times. El precio del crudo ha aumentado a casi 115 dólares por barril como resultado de la guerra verbal que Israel y Washington mantienen con Teherán.
Los distribuidores de petróleo están acostumbrados a que la política entre los países occidentales e Irán se balancee en la cuerda floja, pero en la actual coyuntura intervienen tres elementos que la convierten en la situación más peligrosa de los últimos tres años.
En primer lugar está la lucha del mercado contra las interrupciones de suministro en Libia, Yemen y Siria; por otra parte, los inventarios de crudo, en particular en Europa, se han mermado drásticamente y, en tercer lugar, el punto de partida para un alza de precios es mucho más alto que en el pasado.
Esta combinación de elementos y la tensión geopolítica creciente ha hecho subir los precios del petróleo más del 16%, desde un costo de 99,7 dólares por barril que hasta principios de octubre fue el más bajo en los últimos ocho meses.
"Los precios del petróleo siguen estando en una racha ascendente debido a la incertidumbre de suministro que resulta del malestar que se vive en las regiones productoras de petróleo de África del norte y Oriente Medio", anunció el martes pasado el Ministerio de Energía estadounidense en un informe.

Geografía estratégica
Irán es el tercer exportador de petróleo del mundo, después de Arabia Saudita y Rusia, haciendo de este país una ficha importante en el mercado de petróleo global. El año pasado, Irán vendió un promedio de 2,6 millones de barriles por día, especialmente a Japón, China y la India. Además, el país ejerce control sobre el estratégico estrecho de Hormuz, la entrada para el petróleo de Oriente Medio.
El estrecho es importante porque 15,5 millones de barriles pasan por él cada día, el equivalente a un tercio de todo el petróleo transportado por vía marítima. El estrecho toma cada vez más mayor importancia porque toda la capacidad de producción de reserva del mundo, que es parte esencial de la defensa contra las interrupciones de suministro, está en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Estas exportaciones serían reprimidas si el paso por el estrecho estuviera cerrado.
La preocupación principal entre los proveedores es que Israel lance un ataque sorpresa unilateral para tratar de destruir las instalaciones nucleares de Irán y que Irán responda cerrando, aunque sea de manera temporal, el flujo de petróleo por el estrecho de Hormuz.

Petróleo a 200 dólares por barril
"Son las condiciones idóneas para llegar a los 200 dólares por barril", dice Philip Verleger, un consultor independiente que predijo correctamente en agosto de 1990 el alza de precios después de que Iraq invadiera Kuwait.
En una encuesta dirigida por Robert McNally, consejero de Asuntos de Petróleo de la Casa Blanca entre 2001 y 2003, se preguntó a los participantes del mercado qué reacción de los precios esperaban en caso de un ataque sorpresa israelí contra el programa nuclear de Irán, teniendo en cuenta el suministro corriente, la demanda y los inventarios de reservas. Las respuestas muestran un potencial incremento enorme en los precios.
En las primeras horas del ataque los precios se levantarían, en promedio, unos 23 dólares por barril, según la consulta. En el peor de los casos, incluso el cierre del estrecho de Hormuz, los precios podrían aumentar en unos 61 dólares por barril, llegando el crudo marca Brent a un nivel nunca visto de 175 dólares por barril. Algunos comerciantes advirtieron que el aumento podría ser mucho más grande, insinuando que el petróleo podría subir de 175 dólares hasta una escalofriante cifra de 290 dólares por barril.
Según la Agencia de Energía Internacional, las reservas de crudo europeas disminuyeron en agosto hasta su nivel más bajo en casi nueve años, esto se debió a una serie de "factores derivados de la oferta" entre los cuales se encuentran la pérdida de provisiones libias, las interrupciones de producción en el Mar del Norte, el sabotaje de oleoductos en Nigeria, así como también el "cambio gradual de dirección de flujos corrientes de Rusia hacia Asia".
Los problemas técnicos de suministro siguen afectando al mercado. Aunque las exportaciones de petróleo de Libia se hayan recuperado logrando aproximadamente los 550.000 barriles diarios, permanece por debajo del nivel de antes de la guerra, que alcanzaba los 1,6 millones de barriles. Al mismo tiempo, la producción petrolera en Yemen y Siria se ha caído en unos 200.000 barriles por día debido a los conflictos en ambos países. Además, en el Mar del Norte, Nigeria y Azerbaiyán, la producción continúa siendo inferior a lo esperado.
Para los expertos, el mercado mundial del petróleo, que en los últimos tiempos ha venido sorteando todo tipo de calamidades, tendrá que sobrevivir a esta nueva oleada de incertidumbre y especulaciones generadas por la reaparición en escena de un viejo enemigo del imperio: Irán.